Manifiesto Locoloquial

 


📜 Manifiesto Locoloquial

De la Lengua Sensible y el Decir con Juego

Nosotras, las palabras no registradas,
los giros espontáneos, los juegos que brotan del habla viva,
nos reunimos aquí —entre la risa, la ternura y el absurdo—
para proclamar el nacimiento de una lengua nueva:
la lengua locoloquial.

I. Decimos lo que no estaba previsto.

Las palabras que buscamos no siempre existen,
así que las inventamos.
Las pescamos al vuelo, las amasamos,
las soplamos con aliento poético
y las soltamos al mundo como pájaros de doble sentido.

Porque a veces lo más claro es lo que aún no tiene nombre.


II. La lógica no está reñida con el juego.

Cada locoloquio es un giro del pensamiento,
un alambique de sentidos:
donde el "acto" no es solo acción,
sino aquel que actúa, dirige, ilumina y resiste.
Donde el "paniqueque" no solo se desayuna,
se comprende.

El humor es la ternura de la inteligencia.
El absurdo, su espejo más humano.


III. La poesía habita en la fonética.

Jugamos con los sonidos,
como si fueran barro recién llovido.
La “q” se hace lengua en espiral.
La “o” es globo de cómic.
La “l” final, un lápiz que escribe la realidad que falta.

La boca habla, pero también baila.
El oído escucha... y sonríe.


IV. Reivindicamos la sensibilidad como gramática.

Nuestra lengua no se rige por la Real Academia,
sino por la real emoción.
Aquí caben las definiciones con pulso,
los diccionarios que respiran,
las etimologías de entraña,
y las frases que se caen de risa… o de amor.

Sentir no es errar.
Jugar no es menor.
Hablar desde el cuerpo también es una forma de pensar.


V. El error es semilla.

Donde otros corrigen, nosotros recogemos.
Un lapsus puede ser un hallazgo.
Un tropezón, una nueva metáfora.

Bienvenido sea el “sufré”,
si del dolor sale algo que nutre.
Bienvenida la “lejislación”,
si la palabra huele demasiado a lejía.


VI. Somos un sindicato de sentidos.

Nos organizamos sin estructura rígida,
sin reglas inflexibles,
como un Sindigato que maúlla por sus derechos emocionales.
Nos amparamos en la creatividad colectiva,
y en el derecho inalienable a nombrar el mundo como lo sentimos.

La libertad de expresión también es la libertad de invención.


VII. Locoloquiar es un acto de amor.

Cada palabra nueva es una caricia a la lengua cansada,
un abrazo al diccionario oxidado,
una fiesta entre la infancia y la filosofía.

Locoloquiar es decir… como quien tiende la ropa con atención,
entendiendo.

Comentarios