Pelenanjas
Mirantras pelas la naranja,
la golpeas.
No la pelas,
la peleas.
Tu pulgar se hunde
como un puñal educado,
pero ella resiste,
cítrica y terca,
cerrada en su corteza solar.
Zumo o sangre,
quién sabe.
Tú luchas
por desnudarla.
Ella, por mantener
su dignidad de esfera.
Y al final,
gana el desayuno.
Pero pierde la paz.
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